Farsa en dos actos
1 hora y 45 minutos
Personajes
Gisela
Teodora
Rulfo
Casimiro Faus
Paul Verlaine
Marilinda
Escabeche
Funerario I
Funerario II
El robot doméstico
Fragmento
(Se oye una música fúnebre; tal vez un réquiem. Surge
una pareja de funerarios, avispados y enlutados. Llevan un ataúd sobre
los hombros.)
FUNER. I: ¿El difunto?
(Parálisis colectiva.)
PABLO: El difunto al hoyo y el vivo al...
FUNER. II: ¡Sus huesos!
RULFO: Todavía no está difunto.
FUNERARIO: ¿Ves, compadre? Lo que siempre dije: en esta era de la urgencia
hay prisa hasta para dar vivo por muerto.
MARILINDA: Pónganse cómodos y esperen.
FUNER. I: Pues nos sentamos. ¿No, tú?
FUNER. II: ¡Psché!
(Se sientan en sendos divanes, y Teodora se cuelga la bandeja y pregona, paseándose.)
TEODORA: ¿Cigarrillos turcos? ¿Whisky escocés? ¿Papayas del Caribe? ¿Vino tinto? ¿Chicle americano?
FUNER I: ¡Venga ese tintorro! ¿No, tú? (Pausa fúnebre.)
¿Y qué hacen esos quijotes?
TEODORA: Matarse.
PABLO: Escabeche, voy a quitarte el pellejo y, sin embargo, tu jeta me recuerda
a alguien.
ESCABECHE: Todos a la hora de diñarla, recordamos a alguien.
RULFO: ¡Eh!
(Rulfo mira con terror el féretro a sus pies.)
RULFO: ¿No tienen sitio para dejar esa cosa tan horripilante?
FUNER.ll: Compadre, retira la caja, el señor es superticioso.
(El funerario II arrastra el ataúd, observando cómo los personajes se encogen cada vez que el féretro roza sus pies.)
PABLO: Insisto en que tu cráneo me es muy... (Arroja la espada de
pronto.) ¡Arturo!
MARILINDA: ¿Qué Arturo?
PABLO: ¿Te acuerdas éramos camarieri en Napoli?
ESCABECHE: Come no. Figurati.
PABLO: ¡Arturo!
(Se abrazan.)
MARILINDA: ¡No! Si aún serán viejos amantes.
FUNER. I: Oye, viejo, mi parienta me espera para cenar.
FUNER. II: ¿Y nos vamos a ir sin?
FUNER. I: ¿Qué te parece si atrapamos uno al azar?
FUNER. II: ¿Y si alborota en la caja y arma la de Dios en la fosa?
FUNER. I: Mi costilla ya sabes el genio que se cuece.
FUNER. II: ¡Allá tú!
(Dejan de beber vino y se alzan.)
FUNER. I: Los señores nos van a perdonar, pero unos servidores estamos de servicio.
(Retrocede, horrorizada, la concurrencia, pero a Marilinda se le escapa un grito de inspiración y agrupa a la concurrencia entre cuchicheos y conspiraciones.)
CORO: Pero ¿tú crees?, ¿tú crees?
(Brinca Marilinda a una mesa. Se suelta el moño, se arremanga un brazo y, con una greña danzándole en la cara, bajo mítica actitud mitinera, exclama.)
MARILINDA: Es mejor beber agua mineral de pie que champán de rodillas.
CORO: ¡Marquesa Marilinda!
(El personal tensa el músculo y se prepara para el bailoteo.)
Música.
MARILINDA: En estos vientos que soplan
hay que dar un golpe de mano
para sembrar de utopías el
carril de la vida. Y si el sol
de la alegría es vida, ¿por
qué no iluminar nuestra
abulia a ritmo de tango?
(La coreografía del tango se sucede bajo una atmósfera de viejo café bonarense. Más tarde Rulfo salta a la mesa y desplaza a Marilinda, que se une al jolgorio.)
RULFO: He aquí una hermosa comunicación entre la sociedad encantada y la desencantada. ¿Por algo somos Primer Mundo, no? (Pausa dialéctica.) Y yo pregunto, ¿qué opina usted, doctor Faus?
(Pausa.)
CASIMIRO: Como no entra el discurso en el campo de la psiquiatría, me inhibo.
(Música, baile y silencio.)
RULFO: ¿Y usted, Paul Verlaine?
PABLO: Mis opiniones sobre el devenir histórico cuestan un riñón,
y usted, perdóneme, es más avaro que el avaro de Molière.
(Música, baile y silencio.)
TEODORA: ¡Oídme a mí!
(Teodora ocupa la mesa y de un patadón retira a Rulfo.)
Hoy viví un sueño, un vacío,
una ausencia, faltaba algo,
¿Quizá un tango? De la mano de
Verlaine, llegó Gardel. ¡Vivan
los alegres fantasmas del ayer!
GISELA: ¡El porrón!
(Crece el guirigay. Teodora se dirige al Funerario I)
TEODORA: La popular fiesta
continúa en su
honor, Milord.
(El aludido asiente y da una cabriola.)
FUNER. I: Compadre, no te quedes
a dos velas y observa
las tetas de Gisela.
FUNER. II: Ganas dan de jugar en
el féretro con ellas.
TEODORA: La crisis del globo es fruto de la torpe distribución de la
esperanza. De ahí que reivindique la construcción de un inédita
plataforma del diálogo solidario y ese puente de entendimiento se llama.
¡Tango!
CORO: ¡Tango de Teodora!
(Se dispara una jubilosa coreografía milonguera. de tal guisa, el tango opaca a ese astro de la moda que simboliza ser Paul Verlaine. Y luego del tango, Rulfo exclama.)
RULFO: Échate a un lado, Teodora.
(Se encarama a la mesa y, ebrio de vino, gesticula y medio canta.)
Como hombre de mi tiempo,
propongo otro homenaje a estas dos
simpáticas hormigas al ritmo
cordial y popular de la jotísima ¡jota!
(Gisela emite un gritito y vuela hacia la pianola. Pronto el salón se inunda de música de guitarras, bandurrias y acompañamiento rítmico de castañuelas. El Funerario I, con voz de barítono, entona una copla. Se desata el júbilo. Los monigotes bailan.)
Música.
FUNER. I: Paice que tiene duende
el número de tu fosa,
por abajo paice un seis,
por arriba paice un nueve.
FUNER. I: Todo hijo de vecino quiere vivir.
FUNERARIOS. ¡Vividores!
FUNER. II: Nadie quiere irse a fosa.
FUNERARIOS. ¡Antifósiles!
(Se cargan el ataúd al hombro y danzan.)
Música.
Somos funerarios
sin porvenir.
Lo óptimo y cuerdo
es dimitir.
Arrojar el luto
del vestir
y soñar
otro mayo del 68
en París.
Se veía venir, entre tanto
pan y circo audiovisual
seremos sombras de andén
sin poder abordar
el tren del porvenir.
CORO: ¡Bravo! Muy bien. ¡Bravísimo!
(Dejan los Funerarios el féretro en el suelo, y saludan.)
FUNER. I: ¡Gracias! Muy agradecidos. ¡Gracias! (Pausa.)
Saluda.
FUNER. II: (Saludando.) Nos ruborizan, nos abruman.
FUNER. I: Pero es el caso.
FUNER. II: Que vinimos a por uno de ustedes.
(Mortal palidez en los rostros.)
FUNER. I: Y el ataúd pesa lo suyo.
FUNER. II: Y no vamos a irnos con la caja vacía.
RULFO: ¡Fuera de aquí!
TEODORA: O les echaremos los perros.
MARILINDA: Avisa al coche patrulla, Gisela, muñeca.
FUNERARIOS: ¿Dijeron policía?
(Se miran de hito en hito.)
FUNER. I: Un poco de formalidad con los funerarios.
FUNER. II: Que nosotros respetamos a la gente guapa.
FUNER. I: Pero una cosa es respetar y otra jorobar.
FUNERARIOS: Exigimos solidaridad.
(Ligero desconcierto. Marilinda es la primera en reaccionar bajo un suave
ritmo.)
Música.
MARILINDA: A estas hormigas
Marilinda sabe oírlas.
¡Ele! Estoy con ustedes.
FUNER. I: ¡Gracias, guapetona!
FUNER. II: Te hacemos un sitio.
PABLO: La poesía es flor
pública cuando es
madrina de
causas justas
(Se une a Marilinda, quien junto a los funerarios, mueve las caderas imprimiendo
nervio a la coreografía.)
RULFO: ¿Qué milonga es ésta?
¿Acaso mi masa gris
almacena serrín?
(Se cambia la chaqueta y se integra al grupo de los amotinados.)
TEODORA: En el jardín sólo mimo
el laurel y el árbol de lo justo.
(Pausa, hablando.)
Sitio, por favor.
(Le hacen un hueco.)
GISELA: Al desheredado,
Gisela le da la mano.
(Se integra en la mayoría agrupada.)
CASIMIRO: Gisela, si me dejas,
¿quién romperá la reja
de tus sueños?
CORO: Doctor, ¿con quién estás?
CASIMIRO: Con la moral de Hipócrates
instalada en mi conciencia.
GISELA: Casimiro, Casimirón,
no te hagas el remolón.
CASIMIRO: También regalo lirios
a la dama de mis desvaríos.
(Silencio musical. Las miradas se clavan en Escabeche, quien quedó aislado.)
ESCABECHE: ¡Ah! Yo estoy.
MARILINDA: ¡No! Tú no puedes estar.
ESCABECHE: Marilinda, amita mía.
MARILINDA: Alguien debe ser el culpable, la víctima o el fiambre. Qué
más da.
ESCABECHE: Pero si soy un transeúnte de a pie.
CORO: Eso se tendría que ver.
ESCABECHE: Pero si soy de Villaloreto del Pinar.
CORO: Eso se tendría que examinar.
ESCABECHE: ¿No ven mis flacas piernas? ¿Mi joroba? ¿Mi
raquitismo?
CORO: Eso es puro quijotismo.
MARILINDA: Señores, la mercancía es suya.
(Los Funerarios acondicionan el ataúd.)
ESCABECHE: Tanta hambre pasé que me clareo.
MARILINDA: Descálcenlo. sus zapatos de cocodrilo me costaron un ojo de
la cara.
(Retrocede Escabeche; dos siluetas fantasmales lo cercan.)
ESCABECHE: ¡No enterrarán mi esqueleto! ¿Oyeron?
PABLO: ¡Oh, Escabeche! Gracias a tus funerales obtendré una fuente
de réquiems.
CORO: Agoniza en paz.
ESCABECHE: No colaréis a un vivo en el féretro.
(Huye. Los Funerarios lo cazan y lo introducen en la caja.)
FUNER. I: Distinguidos clientes: ¿Alguna dedicatoria en especial?
MARILINDA: ¡Poeta!
(Pablo adelanta un pie hacia el ataúd.)
PABLO: Aquí yace un héroe popular; Arturo, oriundo de Villaloreto del Pinar, y cuyo nombre de guerra era Escabeche.
(Un sinfín de pañuelos flamean en el aire.)
MARILINDA: Adiós, hasta más ver,
y que la nueva vida te
aproveche, Escabeche.
(Silencio musical.)
MARILINDA: Fue un ciudadano ejemplar.
RULFO: Se van los mejores.
MARILINDA: ¡Ay! Ya estoy atrapada en las redes de la viudez. Y ahora,
¿qué? ¿Al convento o a Acapulco?
TEODORA: En el medievo, con tanta catedralota gótica, yo te diría:
Marquesa Marilinda, reclúyete en una celda de clausura.
RULFO: ¿Y en esta época de ordenadores y trasplantes de riñón?
TEODORA: Vete a Acapulco, hija, ¡vete a México!
MARILINDA: Quebrada por el dolor, rota el alma y el espíritu, parto a
las tropicales playas de Acapulco. (Saludando con el pañuelo.)
Arrivederci.
GISELA: ¡Adiós, marquesa!
MARILINDA: Arrivederci.
RULFO: Buen viaje, linda Marilinda.
MARILINDA: Arrivederci.
CORO: Feliz y refrescante crucero.
OSCURIDAD
*Versión musical de Su majestad la moda